Si este año cometiste errores, vas bien. Si algunos te dolieron o hubo momentos en los que pensaste que eso no lo volverías a hacer, estás justo donde empieza a formarse tu criterio de CEO, el rol que sostiene el rumbo del negocio, decide prioridades y toma las decisiones que más pesan. Pensar como CEO no es evitar equivocarte, es leer lo que salió mal, entender por qué pasó y decidir distinto la próxima vez.
Este artículo de cierre de año no es una lista de fallos que debes esquivar, es una selección de errores que vale la pena analizar conscientemente para convertir tu experiencia en criterio. Porque avanzar no depende de lo que te salió perfecto, depende de cómo capitalizas tus errores y aciertos.
Antes de hablar de errores aclaremos algo
Existe una idea extendida en el mundo de los negocios que afirma que un CEO es quien lo sabe todo, controla todo y rara vez se equivoca. No lo es. Eso es ficción corporativa.
Pensar como CEO no es una jerarquía, es una responsabilidad mental. Tiene que ver con cómo decides cuando no hay respuestas claras. Con qué haces cuando algo no sale y con qué eliges priorizar cuando todo parece urgente. Antes de entrar a los errores vale la pena desmontar algunos mitos.
Un CEO sí es alguien que:
- No se esconde detrás de la operación.
- Entiende que ejecutar importa, pero dirigir el rumbo importa más.
- Asume el peso de decidir, incluso sabiendo que puede equivocarse.
- Tiene visión, pero sabe bajarla a tierra con contexto y consecuencias reales.
- Cuida tiempo, energía y foco como recursos finitos.
- Lee la realidad sin maquillarla y la comunica con claridad.
- No necesita que todo salga bien, pero sí entender por qué pasó lo que pasó.
Un CEO no es alguien que:
- Confunde estar ocupado con ser estratégico.
- Cree que liderar es tener siempre la última palabra.
- Vive apagando urgencias que él mismo generó.
- Necesita tener razón todo el tiempo.
- Mide su valor solo por el resultado inmediato.
Tener esto claro cambia cómo lees tus errores, dejan de ser fallas personales y se vuelven puntos de inflexión en tu forma de decidir. Con eso en mente, ahora sí, vamos a los puntos ciegos.
Los 7 errores que necesitas cometer
Si este año te obligó a tomar decisiones incómodas, vas por buen camino. Y estos siete errores, más comunes de lo que solemos admitir, suelen ser los más formativos.
- Creer que puedes con todo (hasta que no puedes)
Empiezas pensando que si lo haces tú sale mejor y más rápido. Al inicio funciona, hasta que tu capacidad se convierte en el límite del negocio.
Te enseña que tu tiempo no es infinito y que tu energía es un recurso estratégico. Pensar como CEO empieza cuando dejas de demostrar compromiso con saturación y empiezas a proteger tu foco para lo que solo tú puedes decidir; prioridades, dirección y estándares. - Decir que sí cuando debiste decir no
Dices que sí por ambición, por miedo a perder oportunidades o por querer caer bien; aceptas clientes difíciles, alianzas que no encajan o proyectos fuera de foco. De pronto estás ocupado, pero lejos del rumbo que querías.
Te enseña que cada «sí» tiene un costo oculto y decir que «no» le da espacio real a lo importante. - Enamorarte de una idea que el mercado no quiere
Te entusiasmas con una propuesta, la ejecutas con cariño, la perfeccionas y aún así no despega. Duele porque lo sientes personal.
Te enseña a separar el ego de la evidencia y entender que una buena idea solo vale si el mercado la elige, por eso, aquí aprendes a ajustar y pivotar sin perder identidad. - Tomar decisiones con información incompleta
Decides rápido para avanzar o esperas mucho buscando certeza. En ambos extremos pagas, ya sea por precipitarte o por parálisis.
Te enseña que nunca tendrás toda la información y aún así te toca decidir. Aprendes a ponerle estructura a la intuición; qué necesitas saber sí o sí, qué riesgos toleras y qué señales vas a observar después. - Confundir movimiento con progreso
Te sientes productivo entre juntas, mensajes y pendientes, pero el avance real no se percibe.
Te enseña a distinguir entre operar y dirigir. Hay semanas en las que haces mucho y cambias poco, y otras en las que una decisión incómoda cambia todo. - No comunicar con claridad (y pagar el precio)
Das por hecho que se entendió, que era obvio o que ya se había hablado. Y entonces aparecen los malentendidos, el retrabajo, la frustración.
Te enseña que la claridad es parte central de tu rol. Pensar como CEO implica comunicar con intención, contexto, expectativas, criterios de éxito y límites claros para que otros puedan ejecutar sin adivinar. - Medir tu éxito solo en resultados
Si el número salió, te validas, si no, te castigas. Esa lógica te vuelve frágil y dependes del resultado para confirmar tu valor.
Te enseña a leer el año con otras métricas; qué aprendiste, qué patrones detectaste, qué repetirías y qué no deberías permitir otra vez.
De estos siete errores, ¿cuál vas a transformar en una decisión distinta a partir del 2026?
